“Skynet viene por el trabajo de los creativos”.
Reconozco que sería un título bastante bueno para una película donde las máquinas se levantan contra diseñadores, ilustradores, fotógrafos y publicistas. Imaginen la escena: robots caminando por las calles mientras un diseñador intenta defender su último archivo de Illustrator con una Wacom en una mano y un café en la otra.
Pero, curiosamente, la historia de la tecnología siempre ha tenido algo de eso.
Cuando apareció la imprenta, cambió la manera de producir y distribuir información. Cuando llegaron las cámaras fotográficas, muchos se preguntaron qué sería del retrato pintado. Cuando apareció la fotografía digital, hubo quienes defendieron a muerte el rollo fotográfico. Después llegaron Photoshop, internet, las redes sociales, los smartphones y ahora la inteligencia artificial.
Cada revolución tecnológica ha hecho que alguien diga:
“Esto va a acabar con mi profesión”.
Y, sin embargo, aquí seguimos.
Por eso quiero aclarar algo desde el principio:
yo no estoy en contra de la inteligencia artificial.
Estoy en contra de utilizarla mal.
Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.
Hace tiempo escuché una frase que me parece perfectamente aplicable a este momento:
“Un martillo puede ser una herramienta o un arma; depende del uso que se le dé”.
La inteligencia artificial funciona exactamente así.
Puede convertirse en una herramienta extraordinaria para un diseñador, un fotógrafo, un ilustrador, una pequeña empresa o un emprendedor.
Pero también puede convertirse en una máquina de producir basura visual a velocidad industrial.
Y aquí empieza el verdadero problema.
LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CREATIVIDAD
Una de las cosas que más me interesa de la inteligencia artificial es precisamente su capacidad para democratizar herramientas.
Antes, una pequeña empresa que necesitaba una campaña publicitaria tenía que contratar a alguien, hacer fotografías, diseñar materiales, escribir textos, preparar diferentes formatos y posiblemente invertir una cantidad importante de dinero.
Hoy puede generar una idea, pedirle a una IA diferentes propuestas, crear imágenes, escribir textos y adaptar contenidos en cuestión de minutos.
Eso es impresionante.
Y, sinceramente, me parece positivo.
Una cafetería pequeña, una tienda de ropa, un restaurante, un artesano o un negocio familiar ahora tienen acceso a herramientas que hace algunos años parecían reservadas para empresas con grandes presupuestos.
Eso sí es democratización.
El problema aparece cuando confundimos democratizar las herramientas con democratizar el conocimiento.
Porque cualquiera puede abrir una aplicación.
Cualquiera puede escribir un prompt.
Cualquiera puede pedir:
“Hazme un flyer espectacular, moderno, elegante, profesional, que venda mucho”.
Y probablemente obtendrá algo.
Pero obtener algo no significa obtener algo bueno.
Y mucho menos significa obtener algo efectivo.
EL PROBLEMA NO ES LA IA. ES CREER QUE SABES DISEÑAR PORQUE SABES ESCRIBIR UN PROMPT
Aquí viene una parte incómoda.
Últimamente mis ingresos por trabajos de diseño, fotografía e ilustración han caído dramáticamente.
Cada vez es más común que una pequeña empresa piense:
“¿Para qué voy a pagarle a un diseñador si puedo hacerlo con ChatGPT, Gemini, Canva o cualquier otra herramienta?”
Y entiendo perfectamente esa lógica.
Una pequeña empresa tiene que cuidar su dinero.
Pero también he comenzado a observar algo curioso.
Camino por la ciudad y veo publicidad generada con inteligencia artificial.
Una.
Dos.
Diez.
Veinte.
Treinta y cinco.
Y llega un momento en que todas parecen hechas por el mismo robot después de tomarse tres Red Bulls.
Personajes hiperrealistas.
Colores exagerados.
Brillos por todas partes.
Fotografías imposibles.
Manos sospechosas.
Tipografías que parecen haber sufrido un accidente.
Composiciones sin jerarquía.
Y ese inconfundible aspecto de:
“Mira mamá, aprendí a usar inteligencia artificial”.
La IA puede generar una imagen técnicamente impresionante.
Pero el diseño no consiste únicamente en producir imágenes impresionantes.
Diseñar implica tomar decisiones.
Composición.
Color.
Tipografía.
Jerarquía visual.
Retícula.
Semiótica.
Fotografía.
Psicología.
Narrativa.
Concepto.
Contexto.
Identidad.
Y, sobre todo, criterio.
Porque puedes tener la herramienta más poderosa del planeta y seguir haciendo un diseño horrible.
Es como entregarle una guitarra eléctrica a alguien que nunca ha tocado una canción y decirle:
“Ahora sí, eres músico”.
No necesariamente.
EL GRAN PROBLEMA DE LAS PYMES: LA ILUSIÓN DEL AHORRO
Para las pequeñas y medianas empresas la IA tiene una ventaja evidente: reduce costos y acelera procesos.
Eso no es malo.
De hecho, es una oportunidad enorme.
Los materiales que antes podían tomar días ahora pueden producirse en horas.
Se pueden generar variaciones de anuncios.
- Probar conceptos.
- Crear contenido para redes sociales.
- Desarrollar bocetos.
- Visualizar productos.
- Crear fotografías conceptuales.
- Escribir borradores.
- Adaptar formatos.
- La productividad puede aumentar muchísimo.
Pero existe una trampa.
Ahorrar dinero no siempre significa gastar menos.
A veces significa gastar correctamente.
Si una empresa utiliza IA para crear cien publicaciones que nadie recuerda, probablemente no ahorró dinero.
Simplemente produjo cien publicaciones inútiles más rápido.
Y aquí es donde entra el diseñador.
No necesariamente para hacer cada elemento desde cero.
Sino para decir:
- “Esto sí”.
- “Esto no”.
- “Esto funciona”.
- “Esto no representa tu marca”.
- “Este color comunica otra cosa”.
- “Esta fotografía no tiene sentido”.
- “Esta composición no vende”.
- “Este mensaje no está dirigido al público correcto”.
Ese criterio tiene valor.
LA IA ESTÁ CAMBIANDO EL TRABAJO DEL DISEÑADOR
Creo que tenemos que aceptar algo:
muchas tareas que antes hacía un diseñador van a desaparecer o serán mucho más rápidas.
Y no necesariamente es una tragedia.
También desaparecieron muchas tareas cuando pasamos del dibujo manual al software.
Cuando apareció Photoshop, el diseñador dejó de hacer determinadas cosas a mano.
Cuando llegó internet, cambió la publicidad.
Cuando llegaron las redes sociales, cambió la comunicación.
Ahora la IA vuelve a cambiar las reglas.
Entonces la pregunta no debería ser:
“¿Cómo evitamos que la IA nos quite el trabajo?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué valor podemos aportar cuando producir ya no sea lo difícil?”
Y creo que la respuesta está en la creatividad, la estrategia, el criterio y la capacidad de comprender personas.
La IA puede generar diez propuestas.
Pero alguien tiene que saber cuál de las diez tiene sentido.
Puede crear cien imágenes.
Pero alguien debe decidir cuál comunica.
Puede escribir mil copys.
Pero alguien debe entender qué quiere escuchar el cliente.
Puede producir un logo.
Pero alguien debe construir una identidad.
EL FUTURO NO SERÁ HUMANO CONTRA IA
Yo no creo que el futuro sea:
Humanos VS Inteligencia Artificial.
Creo que será:
Humanos que saben utilizar IA VS humanos que no saben utilizarla.
Y eso cambia completamente la conversación.
El diseñador del futuro probablemente tendrá que ser muchas cosas al mismo tiempo.
- Diseñador.
- Director creativo.
- Estratega.
- Editor.
- Fotógrafo.
- Narrador.
- Investigador.
Y sí…
También tendrá que saber hablar con una máquina.
Porque incluso para escribir buenos prompts hace falta conocimiento.
La inteligencia artificial no elimina la necesidad de saber.
En muchos casos, la aumenta.
Mientras más poderosa sea la herramienta, más importante será saber qué pedirle.
Y AQUÍ VIENE MI PARTE FAVORITA: YO TAMPOCO ESTOY LIMPIO
Ahora viene el momento de lanzar la piedra.
Pero antes hay que revisar si uno tiene las manos limpias.
Hace aproximadamente dos mil años se dijo:
“El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.
Así que yo no voy a arrojar ninguna.
Porque sí.
Yo también uso inteligencia artificial.
Y bastante.
- La utilizo para investigar.
- Para desarrollar ideas.
- Para experimentar.
- Para generar conceptos.
- Para encontrar caminos.
- Para acelerar procesos.
- Para escribir.
- Para corregir.
- Para explorar posibilidades que quizá manualmente me tomarían muchísimo más tiempo.
Y precisamente por eso mi crítica no viene desde el rechazo.
Viene desde el uso.
No quiero regresar a un mundo sin IA.
Quiero aprender a utilizarla mejor.
Quiero que los diseñadores aprendamos a utilizarla mejor.
Y quiero que las pequeñas empresas también aprendan a utilizarla mejor.
Porque una herramienta tan poderosa merece algo más que usarla para hacer otro flyer genérico de una hamburguesa flotando sobre humo azul con cinco explosiones alrededor.
EL DISEÑO NO ESTÁ MUERTO
El diseño gráfico no está muerto.
La fotografía no está muerta.
La ilustración no está muerta.
La creatividad tampoco.
Lo que está muriendo, quizá, es la idea de que nuestro valor consiste únicamente en ejecutar.
Y eso puede ser algo bueno.
Porque si una máquina puede hacer en diez segundos lo que antes tardábamos dos horas en hacer, tenemos una oportunidad.
Podemos dedicar esas dos horas a pensar.
A investigar.
A conversar con el cliente.
A entender su negocio.
A desarrollar una estrategia.
A crear una identidad.
A contar una historia.
A buscar algo que no parezca igual a las otras 35 piezas que vi caminando por la ciudad.
Porque ahí está precisamente la paradoja.
La inteligencia artificial democratizó la producción de imágenes.
Ahora todos pueden producir.
Por lo tanto, producir dejó de ser suficiente.
El verdadero valor estará cada vez más en saber qué producir, por qué producirlo y para quién.
MI POSTURA
No quiero prohibir la inteligencia artificial.
No quiero demonizarla.
No quiero decir que todo lo generado por IA es malo.
Y tampoco quiero fingir que los diseñadores somos víctimas inocentes de una conspiración de robots.
Sería bastante hipócrita.
Quiero algo mucho más sencillo:
Quiero que aprendamos a usarla con inteligencia.
Si tienes una pequeña empresa, úsala.
Experimenta.
Aprende.
Ahorra tiempo.
Genera ideas.
Pero no confundas una herramienta con conocimiento.
Si eres diseñador, fotógrafo, ilustrador o creativo, úsala también.
No huyas de ella.
Domínala.
Aprende qué puede hacer y qué no puede hacer.
Y, sobre todo, desarrolla aquello que una herramienta no puede regalarte automáticamente:
criterio.
Porque la IA puede darte una imagen.
Pero no puede decidir por ti qué significa.
Puede darte una composición.
Pero no necesariamente sabe por qué funciona.
Puede darte una solución.
Pero no conoce a tu cliente como tú.
Puede producir algo espectacular.
Pero espectacular no siempre significa efectivo.
Y quizá ese sea el gran reto de esta nueva época.
No demostrar que podemos hacer imágenes con inteligencia artificial.
Eso ya lo sabemos.
El verdadero reto será demostrar que todavía podemos tener algo que decir.
Y ahora sí…
Después de aproximadamente 1,500 palabras hablando de inteligencia artificial, creatividad, diseño y pequeñas empresas…
¿Adivina cómo escribí esta redacción tan perfecta?
…
Sí.
También utilicé IA.
Pero la idea, la postura, las experiencias y la intención de decirlo…
esas sí son mías.